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El Vigilante

El Sida y la Iglesia

<u><center><b>El Sida y la Iglesia</b></center></u>
Hoy es el día mundial de lucha contra el Sida y con motivo del inicio de la campaña desarrollada por el Ministerio de Sanidad para promover el uso del preservativo se pudo ver en un telediario a un dirigente de la Iglesia atacando el uso del preservativo porque, según él, no es seguro y no sirve para proteger del sida.
La Iglesia está en su derecho de opinar lo que quiera sobre cualquier asunto aunque debería entender que su moral y su verdad no son compartidas por todo el mundo y en algunos casos es absolutamente minoritaria, incluso entre los propios creyentes. Y uno de esos casos es precisamente el que afecta a los anticonceptivos, pues no hace falta ser ningún Arzobispo para darse cuenta que la gente cada vez tiene menos hijos y no creo que sean tan ingenuos como para pensar que esto se consigue con la castidad que ellos pregonan.
Pero es que ahora ya no se trata sólo de regular los nacimientos sino que ahora estamos hablando de algo mucho más serio como es el sida, y como ya sería demasiado hiriente que hablaran de moral con los miles de muertos que ocasiona esta enfermedad, ahora dan argumentos "científicos". ¡Lo que se reiría Galileo si lo viera!.
Según la Iglesia, el preservativo no es seguro, y por tanto, lo único que se puede hacer en la lucha contra esa plaga es lo mismo que pregona el gobierno Bush: la castidad.
¡Qué paradojas que estos dos Estados, el Vaticano y el de los EE.UU. propongan lo mismo!.
Por supuesto, para estos dos iluminados, el uso del condón traerá grandes calamidades, mucho más que los bombardeos de población civil, el uso del gas mostaza, el agente naranja, el nappalm y otras amables armas utilizadas por el gobierno de los EE.UU contra otros pueblos.
¡Y qué decir de la Iglesia!.
Puede que el preservativo no sea seguro al cien por cien pero su uso puede librar de la muerte a millones de personas, pero claro, ¿qué le importa a la Iglesia esas vidas?.
Si la Iglesia no estuviera ocupada obsesivamente en el preservativo, el aborto y otras cuestiones similares, hubiera tenido tiempo de preocuparse, por ejemplo, del recientemente fallecido cardenal Aramburu, el gran apoyo de la dictadura militar argentina, quien se permitió el lujo insultante de calificar a las Madres de la Plaza de Mayo de oportunistas, negó que hubiera desaparecidos ni fosas comunes en Argentina, y posteriormente, apoyó el indulto para los militares.
Si la Iglesia no estuviera tan dedicada al sexo con condón entre adultos, se hubiera enterado de cuantos de sus "pastores" han vejado, humillado y violado a niños y niñas de todo el mundo.
Si la Iglesia no estuviera tan enajenada con el sexo ajeno, se hubiera dado por enterada de las denuncias de la monja Sor María O'Donohue, publicadas en periódicos católicos cuyo informe fue entregado al cardenal español Martínez Somalo, en la que se decía entre otras cosas que, los casos de violencia sexual contra monjas se registraron en 23 países, en su mayor parte africanos.
La religiosa contó casos de aspirantes a monjas que fueron violadas por los curas a los que presentaron la documentación para ingresar en los conventos y curas que acudieron a médicos «de confianza» de hospitales para que efectuasen abortos a monjas y jovencitas que habían dejado embarazadas.
Sor María O'Donohue dejó sin aliento a los responsables vaticanos cuando contó el caso de un cura que obligó a una monja a la que había violado a abortar, ésta murió durante la intervención y el sacerdote ofició, sin remordimiento alguno, la misa del funeral por la desventurada.
Aunque el Vaticano no ha precisado los lugares donde ocurrieron los casos, las denuncias recogidas por la monja provinieron, según lo publicado de 23 países, entre ellos Burundi, Brasil, Colombia, India, Irlanda, Nueva Guinea, Filipinas, Estados Unidos y hasta Italia.
La difusión del sida en Africa propició, según el informe de la monja, el que muchos curas y misioneros se «fijaran» en las monjas, al considerarlas «seguras », es decir, que no estaba infectadas por la enfermedad.
Así, muchos sacerdotes y misioneros ante el temor de contraer el sida, «cambiaron» a las prostitutas por monjas y se dieron casos, según lo publicado, de que muchos de ellos acudieron a las comunidades de monjas y pidieron a la superiora poder mantener relaciones con las religiosas. También se aseguró que «exponentes» de la jerarquía, en velada alusión a prelados, obligaron a las monjas a tomar la píldora anticonceptiva y que se dieron casos de comunidades formadas por una veintena de monjas en las que todas quedaron embarazadas.
Al parecer, muchos de esos casos ya fueron denunciados, pero las autoridades religiosas de la zona hicieron oídos sordos. Así, precisó el diario, se supo que una superiora denunció que 29 monjas de su congregación quedaron embarazadas por los curas de la diócesis y que la única medida que se adoptó fue cambiarla de cargo y alejarla del lugar.
El diario americano también recoge las declaraciones de sor María McDonald, superiora de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de Africa, que denunció que, según sus noticias, el problema no está siendo tratado como se debe.
La monja afirmó que los sacerdotes se aprovechan de las religiosas al ser en la mayor parte de los casos quienes financian a las congregaciones y que «a cambio de ello» piden favores sexuales. También aseguró que muchos confesores y directores espirituales se aprovechan del puesto para lograr favores sexuales y que las monjas callan por miedo.

¡Si Jesús viviera os llamaría sepulcros blanqueados, hipócritas!
Cosas veredes...
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