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El Vigilante

Madrid, capital del dolor

<u><center><b>Madrid, capital del dolor</u></b></center>
Querida Pilar:

Permíteme que personalice en ti a todas las madres, novias, hijos, hermanos, padres, familiares y amigos de todas las víctimas de ese día tan funesto del que hoy se cumple un año.
Y como se cumple un año, nosotros nos aprestamos a conmemorar esa fecha ya grabada para siempre en el corazón de todos los españoles. Ya sé que para ti, el día de hoy es un día más, pues a ti te falta tu Daniel cada día, sin faltar uno y por eso todas las mañanas cuando despiertas de tus pesadillas nocturnas, es un trozo del alma que se te va.
Ya ves que poco tiempo duró aquel silencio culpable, aquellas caras lastimeras de esos políticos cada día más lejanos al pueblo, cuando les dijiste a la cara lo que pensamos muchos. Tú misma has tenido que soportar, insultos, descalificaciones, burlas y canalladas de todo tipo por parte de una gente que no entiende que tú eres una madre que ha perdido a su hijo y que nadie tiene derecho a insultarte porque reclames tu derecho al dolor, y tu exigencia de que los políticos dejen de utilizar a las víctimas. Alguno, como ese impresentable portavoz de la emisora de la Conferencia Episcopal, del que en un día como hoy ni siquiera merece que se cite su nombre, de la manera más soez e inmoral te ha atacado como suele hacerlo con los políticos que no le bailan el agua, o sea todos menos los del Partido Popular. Ese miserable que le dijo a una madre afligida que sus lágrimas eran lágrimas de teatro. ¡Y en la emisora de la Santa Madre Iglesia tan presta a defender embriones!
Pero no quiero perderme con tipos así, Pilar, pues sólo querría que, de alguna manera, pudiéramos si no llenar, al menos suplir un poquito el agujero negro de tu ausente hijo, de todos los hijos, que ese día trágico, unos asesinos en nombre de Dios o de un nuevo orden o de lo que sea, decidieron que no debían vivir más.
La desesperanza, el dolor, la oscuridad del alma, el frío en los huesos, el llanto inconsolable, la ausencia presente, el estruendo de explosiones, una canción que le gustaba, las caras de sus amigos, todas las cosas Pilar, llenan cada segundo de tu vida, de todas las vidas de los que les quisieron.
No sé qué más decirte, sólo quisiera poder abrazarte y darte un fuerte beso.
Deja descansar aquí tu frágil cuerpo,
abrígate con mi aliento de tanto frío,
sueña un momento que ha venido tu hijo,
seca tus lágrimas con mi estremecimiento
pues tu llanto es ya el inmenso río
donde se ahogan las palabras, el silencio
donde descarrilaron los sueños.
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